La palabra como puente contra la soledad

La entrega de premios de la quinta edición del concurso de relatos «No me llames soledad» volvió a ser una jornada muy especial. Cada año este encuentro emociona, pero este ha tenido para mí un significado diferente.

El año pasado tuve la enorme alegría de recibir el primer premio del concurso y, en esta quinta edición, he tenido el privilegio de formar parte del jurado. Ha sido una experiencia distinta, pero igual de enriquecedora. Leer los relatos presentados me ha permitido descubrir historias llenas de vida, recuerdos, sentimientos y también mucha imaginación.

Este concurso demuestra que nunca es tarde para contar una historia. Las personas mayores llevamos con nosotros un gran caudal de experiencias, alegrías, dificultades y enseñanzas que merece la pena compartir. Escribir nos ayuda a recordar, a expresar lo que sentimos y, sobre todo, a sentirnos útiles, escuchados y valorados. Porque todavía tenemos mucho que decir.

Cada año son más las personas que se animan a participar. En esta quinta edición se presentaron 109 relatos, una cifra que demuestra que esta iniciativa sigue creciendo y que cada vez son más quienes descubren el placer de escribir y compartir sus vivencias.

La ganadora del primer premio fue María Aurora Ruíz Fernández, con su relato I Pepe. También fueron premiados Francisco Arrebola Cruz, por La Casa Fala Baxín Mención en Llingua Asturiana; María Yolanda Gutiérrez García, por Una pequeña gran mujer Mención Municipal; María Luz Portabales Murades, por La vida sigue Mención Residencial; y el Taller de Memoria y Risoterapia de Ranón, que recibió la Mención Audiovisual.

El acto contó con la presencia de la presidenta de la Federación Asturiana de Concejos, Cecilia Pérez Sánchez; del director general de Servicios Sociales y Mayores, Enrique Rodríguez Nuño; de la subdirectora general de Salud Pública y Atención a la Salud Mental, María Luisa Rodríguez Velasco; y de la concejala de Políticas Sociales del Ayuntamiento de Oviedo, María Velasco Muñiz, entre otras personas que quisieron acompañarnos en una jornada tan especial.

La entrega de premios transcurrió en un ambiente muy cálido y emotivo. Fue emocionante ver la ilusión de los participantes, escuchar cómo cada relato escondía una parte de la vida de quien lo había escrito y comprobar, una vez más, que la palabra tiene el poder de unir a las personas.

Quiero felicitar de corazón a quienes hicieron posible este magnífico trabajo. Gracias a su dedicación y a su cariño, todo salió a la perfección. Han conseguido que este concurso sea mucho más que unos premios: han creado un espacio donde las personas mayores nos sentimos protagonistas, escuchadas y valoradas.

Por mi parte, les animo a participar en este concurso tan significativo; les aseguro que les hará disfrutar de una experiencia inolvidable.

Ojalá «No me llames soledad» siga creciendo durante muchos años. Mientras haya personas con ganas de contar sus historias, habrá motivos para seguir escribiendo. Porque cada relato guarda un trocito de vida que merece ser compartido.

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