Un lugar donde tocar el cielo
Hay lugares que no solo se visitan, se sienten. Piedrafita de Babia es uno de ellos: un rincón donde el tiempo parece detenerse y donde, desde el primer instante, te sientes como si estuvieras en casa.
Piedrafita de Babia es una pequeña localidad española en la provincia de León, donde con solo estirar la mano puedes alcanzar el cielo.



A la entrada del pueblo te reciben con un cartel en el cual te dan la bienvenida y te aconsejan, muy acertadamente, cómo debes comportarte en este pequeño paraíso (texto en fotos).
Calecho y tradición
El pasado sábado, 21 de marzo, calecho y filandón se dieron la mano en un acto entrañable en el que hubo de todo. Empezando por música de la mejor, a cargo del grupo Gijón de Pulso y Púa, que con su saber hacer y su música tranquila y tradicional nos transportaron a lugares de ensueño.
A continuación, Mª Esther García López, presidenta de la Asociación de Escritores de Asturias, nos presentó su última novela: Xiblón. Menudu putiferiu. Un retrato intenso, a veces duro y a veces divertido, de la vida en un pueblo lleno de secretos, tradiciones y relaciones humanas complejas.
¿Qué es un calecho?
La autora, mujer entrañable y siempre esbozando una sonrisa, junto con Elías Valcárcel, organizador del evento, nos deleitaron con una amplia explicación de lo que es un calecho: reunión vecinal, normalmente al atardecer, en la que la gente del pueblo se juntaba para conversar, contar historias y anécdotas y transmitir tradiciones orales.

Se puede decir que se asemeja mucho a esta otra tradición, pero con algunas diferencias notables. En el calecho, por ser una hora temprana, podían participar niños, cosa que en el filandón no sucedía, ya que entre todas las actividades a realizar siempre había historias, cuentos y chismes, digamos, un poco subidos de tono o picantes.
Una noche para recordar
Siguió avanzando la tarde y, sin darnos cuenta, nos adentramos en la noche, donde un número considerable de personas, locales y de los pueblos de alrededor, se juntaron para cenar, seguido de acordeones, panderetas y baile, que hicieron que la velada culminara con una gran fiesta.
Fue una jornada inolvidable, que siempre llevaré en mi corazón. Gracias a todas las personas que lo hicieron posible y, sobre todo, a Elías Valcárcel, referente en tradiciones.






