Este poema nace de un gesto antiguo: en los días de nordeste, las familias de Añoranza suben a la colina a soltar notas que el viento lleva a los que ya no están. Aquí, esa costumbre se vuelve acto de madre: una carta abierta a su hija, arrebatada antes de…
Hasta hace bien poco decía que septiembre era un mes para nacer, para llegar a este mundo, para ver amanecer… Y por esos designios del destino que te sorprenden y golpean cuando menos te lo esperas, hoy también puedo decir que septiembre es un mes para morir, para decirle adiós…